Imposible que el tiempo borre los olores.
Seguirán estando, aunque se pierda la capacidad de percibirlos.
Rayando la mala praxis o al borde de lo incorrecto.
A veces el hilo se vuelve tan finito, que es sencillo errar la pisada.
Pero por allí quiero andar, alejándome de la orilla más allá de la rompiente.
Para gastar hasta la última gota de alivio...
Me fascinaba cuando abandonaba su equilibrio, aunque su razón hacía trizas ese instante para volverla centrada, segura, sin espacios para colar dudas.
Esas que argumenta el corazón, para sostener una utopía.
He caminado esquivando lluvias, hasta volverme fluido que penetra en la roca.
He vuelto lánguidas mis falanges hasta encontrar los acordes y recorrido frecuencias sobre cuerdas distantes.
He sacudido mi alma cuando el precipicio o la desesperanza.
He curado heridas de lengua mordida y oxigenado el llanto tras el ahogo.
He perdido monedas irreemplazables para seguir andando.
He combatido ilusiones tras el fuego de la última nave, sintiéndome el más fuerte.
Sin embargo, sigo sin aprender a decir "NO"
Suelo aprender de mis días y rodear mis silencios de bruma, para que la sequedad violenta sea más llevadera. Pero aún cuando el camino trazado ha acumulado distancias, siento la necesidad del nexo...
... de subir a esa dimensión inalterable, de sentir olores reales e inventados, de sospechar el próximo paso, de soltar adrenalina y melodías entre acentos distintos y sonrisas, o rendirme ante las décimas afinadísimas, montadas en arpegios sublimes.
Y entre abierta, la puerta se había vuelto vieja.
Insinuando futuro.
Sin saber a quién.
La que quiebra sus alas para no regresar.
La que bebe te de amnesia para no recordar.
La que marcha en niebla para perder su mirada.